Premio a la vida y obra
de un periodista


Gabriel Cano Villegas

Gabriel Cano Villegas

Don Guillermo Cano, director de El Espectador, recibió, en nombre de don Gabriel Cano, su padre, el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar, dentro de la máxima categoría, es decir, la de toda una vida consagrada al periodismo. Durante el acto de premiación, que estuvo presidido por el expresidente Alberto Lleras Camargo, don Guillermo Cano leyó un largo discurso, en el que se refirió a las vicisitudes económicas de los periódicos colombianos, a la censura, a los grupos económicos de presión, a la libertad de prensa y al ideario periodístico de don Gabriel Cano.

Don Gabriel Cano, el pensador, conocido cariñosamente entre sus amigos como don “Gabriel D´Annunzio”, ha estado durante 50 años al tanto de las finanzas del periódico El Espectador. “Pero si a don Gabriel le preocupa el desequilibrio de los balances, jamás su mano ha escrito una palabra con torcidos propósitos materiales de obtener mayores entradas por pautas publicitarias”, señaló don Guillermo Cano, para luego referirse a lo que llamó “métodos sofisticados de censura”.

Entre esos sistemas soļ¬sticados, aparece indiscutiblemente la censura económica o la presión publicitaria privada. Cada vez más se recurre al sistema de dosificar las pautas publicitarias según las conveniencias, no siempre honestas, de los grandes grupos financieros, de las intocables corporaciones industriales, de los poderosos gremios del capital y del trabajo y, en igual o mayor volumen, de las de los gobernantes de turno.

Y advirtió que son muchas las pautas publicitarias que incluyen una amenaza o un halago “para quiénes pican el anzuelo”. Como ejemplo de los anteriores métodos “sofisticados de censura”, citó varios casos, sin dar nombres, en los cuales se trataba de colocar determinados avisos solo en los diarios adversos —para contrarrestar la información— o en los simpatizantes de la idea para beneficiarlos y así castigar a quienes se oponían. Ilustró lo anterior con dos casos recientes:

Algún periódico de Bogotá publicó, en días pasados, un gran aviso firmado por personas muy influyentes defendiendo una iniciativa que se debate a nivel nacional en estos momentos. Como es costumbre en las gerencias de los diarios, otro periódico indagó si tal aviso sería publicado en sus páginas. La respuesta, muy curiosa pero sugestiva, fue la de que no se daría el aviso en mención a diario diferente al que lo divulgó, porque quienes lo habían ordenado consideraban que la publicidad debía hacerse allí y solo allí ya que el periódico favorecido económicamente se oponía de manera frontal a la creación del complejo que los ciudadanos pagadores defendían y que, en el caso del otro diario, no consideraban necesario insertarlo porque informativa y editorialmente ese periódico estaba de acuerdo con ellos. Dos días después sucedió lo contrario. El mismo diario al que nos referimos publicó otro gran aviso sobre un asunto diferente de interés nacional, económico y político. De nuevo se repitió la averiguación, pero la respuesta fue la siguiente: “se ordenó publicar el aviso solamente en el periódico en que apareció, porque estaba de acuerdo con los anunciantes y en cambio el otro diario estaba en oposición al proyecto”.

¿En el primer caso se quiso obtener la simpatía del periódico insertando un aviso y en el otro recompensar al periódico por el apoyo recibido? ¿Este es un manejo equitativo, profesional y técnico de la publicidad? ¿Cómo se explica que recientemente el Ejército de Colombia publicara en dos de los periódicos de Bogotá, uno liberal y otro conservador, como publicidad que se podría llamar política no deliberante, un aviso de página entera para conmemorar su día y excluyera a los otros periódicos de la capital? Se alegaría muy posiblemente que era cuestión de presupuesto, de mantener la paridad partidista y de dar un tratamiento justo y equitativo, dentro de las condiciones actuales, a liberales y conservadores. No resulta aventurado suponer, por lo menos en el caso de El Espectador, que su exclusión fue deliberada porque se sabe de sobra cuál sería la “justa causa” que se argumentaría para excluirlo. Para redondear la idea sobre las implicaciones económicas en el periodismo colombiano, don Guillermo Cano anotó:

Sabemos por larguísima experiencia que los beneficiarios de hoy pueden ser las víctimas del mañana. Porque en esto, y ahí radica la gravedad del problema, las veleidades de los poderosos corren parejas con sus conveniencias. Lo que hoy consideran lesivo a sus intereses, mañana lo consideran beneficioso para ellos.

Culminó esta parte de su intervención haciendo un llamado a los periodistas para vigilar a la prensa de los riesgos que la amenazan “tanto de los poderes públicos, como privados, económicos, sociales e incluso laborales”.

Después de destacar la vida de su padre, dentro de la vida económica y administrativa de El Espectador, el actual director de este diario capitalino habló sobre don Gabriel Cano, “El Quijote”. Recordó cómo don Gabriel asumió la dirección de El Espectador el 9 de noviembre de 1949, día en que el Gobierno nacional cerró el Congreso y ordenó el decomiso de toda la edición del periódico. Desde ese día, don Gabriel advirtió sobre los peligros que se cernían sobre la prensa colombiana.

El 6 de septiembre de 1952 sus frases admonitorias, tan difícilmente liberadas de la censura, se convirtieron en realidad con los incendios y saqueos de El Tiempo, de El Espectador, de la sede de la Dirección Liberal Nacional y de las residencias de los expresidentes Alfonso López Pumarejo y Carlos Lleras Restrepo.

Asimismo Guillermo Cano destacó la labor de El Espectador y, especialmente, de don Gabriel durante la lucha contra la dictadura del general Gustavo Rojas Pinilla y señaló como memorable el editorial en el que don Gabriel trazó un paralelo entre el general Rojas y el general Perón.

Dentro de esta vocación, don Guillermo Cano relacionó la actitud del periódico en el pasado con su comportamiento actual:

Hoy como ayer nos hemos creído obligados, los depositarios de la filosofía periodística de don Gabriel, “El Quijote”, a no convivir con el atropello a los derechos humanos y nos hemos negado a callar cuando creemos que la prensa independiente está amenazada, si no de hecho, si de palabra por altos, medios y bajos mando del Gobierno.

Yo creo que cuando todavía se pueden decir cosas hay que decirlas y cuando ya no se pueden decir habrá que seguir diciéndolas, por más adversas y peligrosas que sean las circunstancias creadas para impedir que se digan.

Para finalizar, don Guillermo Cano advirtió que esta es la esencia del pensamiento de don Gabriel Cano, ungido con el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar.